Ayutthaya, el reino más importante del Sudeste Asiático entre los siglos XIV y XVIII, se convirtió en el centro comercial marítimo entre Oriente y Occidente, atrayendo a comerciantes de Europa, Persia, India, Japón y China. En su época de esplendor llegó a conquistar Angkor Wat, alcanzó el millón de habitantes, y deslumbraba con sus palacios y cientos de templos, muchos recubiertos de oro. Pero una gran ciudad merece un gran final, y en este caso, fue espectacular. Los birmanos, quienes también aspiraban al dominio de las rutas marítimas, entraron a sangre y fuego destruyendo la ciudad y fue abandonada. Los ecos de su belleza, sin embargo, nunca fueron olvidados y, de hecho, su plano sirvió de base para la fundación de la nueva capital, Bangkok.
Texto: Marta Cuadras
Una buena manera de comprender el origen de esta fascinante ciudad es empezando la visita por su templo budista más antiguo: Wat Thammikarat. Aunque no se ha determinado la fecha exacta de su construcción, todo parece apuntar a que se levantó sobre un asentamiento anterior a su fundación.
Quizá no sea uno de los templos más vistosos pero merece la pena detenerse unos minutos ante él y darse cuenta de su gran singularidad. Sorprenden unas esculturas de leones guardianes que rodean una base octogonal que en su día fue un chedi (el equivalente a una estupa en el Sudeste Asiático) formando una hilera que queda interrumpida por unas escaleras que daban acceso al desaparecido chedi y estaban decoradas con serpientes de cinco cabezas. Estos dos elementos decorativos, leones y serpientes, son únicos en toda la ciudad y evidencian una marcada influencia de los templos de Angkor, en Camboya. Esto se debe a que durante los siglos XIV y XV se liberaron continuas guerras entre los dos reinos hasta que en 1.431 Ayutthaya acabó imponiéndose y puso fin al Imperio jemer. Durante este período conflictivo, miles de jemeres fueron capturados como esclavos, entre los que habían expertos artesanos que participaban en la construcción de templos perpetuando la influencia jemer.
Siguiendo la tradición budista, el templo Wat Phra Ram se erigió en el mismo lugar donde el rey U-Thong, el fundador de esta ciudad en 1350, fue incinerado. Así fue como su hijo, el rey Ramesuan, mandó construir este recinto para conmemorar la muerte de su padre en 1.369. Más allá de este significado funerario, destaca un prang (torre) muy bien conservado con la característica forma de mazorca de maíz que en realidad representa el monte Meru. Se trata de una montaña sagrada de la cosmología budista e hindú considerada el centro físico y espiritual del universo.
La torre principal estaba rodeada de otras cuatro de menor tamaño, que simbolizaban los picos del monte Meru. Este tipo de estructura está inspirada en la arquitectura de Angkor que en aquel entonces ejercía una fuerte influencia en la región. Sin embargo, en la capital jemer las torres se realizaban con bloques de arenisca que limitaba su altura. Las de aquí se construyeron con ladrillos de arcilla o de laterita (similar a la arenisca muy abundante en las zonas cálidas) y estaban recubiertas con estuco, lo que permitía realizar las decoraciones más fácilmente. De esta manera, los artesanos tai empezaron a dar su sello personal desmarcándose estéticamente del mundo jemer.
Si se rodea el templo con la vista fijada en el prang central vale la pena detenerse en el lado donde unas escaleras estrechas y empinadas simbolizan el difícil ascenso al monte Meru. Esta entrada albergaba la estatua de Buda más importante de este templo.
Este santuario, el Wat Maha That, fue uno de los recintos religiosos más importantes de Ayutthaya por ser la sede del sangharaja, el líder de los monjes budistas del reino (el equivalente al papa en la religión católica). Se ubicaba en el corazón de la ciudad y estaba rodeado de canales y estanques por lo que solo era accesible en barco. Pero era mucho más que un edificio destinado al culto; también era el telón de fondo de las celebraciones religiosas en que los reyes exhibían su poder. Consistían en desfiles que reunían a entre seis y siete mil personas, aunque solo el rey, sus hijos y esposas, acompañados de los líderes budistas, podían entrar en el templo durante la celebración. El objetivo del desfile, en que actuaban numerosos músicos, era la entrega de ofrendas. Estas eran transportadas en recipientes de oro a lomos de elefantes por los oficiales y depositadas en la cripta del templo.
Estas celebraciones y los numerosos templos reflejaban el profundo interés de los monarcas de Ayutthaya por incrementar sus méritos. Según las creencias budistas, el mérito adquirido en vidas anteriores hacía que un hombre naciera rey en el futuro.
En 1953 ocurrió algo extraordinario en Ayutthaya. El Departamento de Bellas Artes de Tailandia, que se encargaba de las tareas de excavación, localizó la cripta real del templo de Wat Maha That, el lugar donde se depositaban las ofrendas de los reyes. En su interior se descubrió un contenedor lleno de fabulosos objetos de oro, estatuas de bronce, tabletas votivas, etcétera, pero lo que más llamó la atención fue un objeto en forma de estupa cuyo interior contenía otras seis estupas, como si se tratara de muñecas rusas. El último, realizada en oro y con incrustaciones de esmeraldas y zafiros, contenía un fragmento de hueso, más pequeño que un grano de arroz y preservado en aceite de sándalo, que se cree que perteneció al propio Buda. Es por ello que este templo también se conoce como el de la Gran Reliquia.
Difícilmente el viajero verá tesoros como los encontrados por los arqueólogos a menos que visite los distintos museos repartidos por Tailandia, pero sí podrá contemplar una de las imágenes más icónicas de Ayutthaya en este mismo templo: la famosa cabeza de Buda aprisionada por la raíz de una higuera, donde siempre se concentran un montón de curiosos para hacerse la foto.
Dejando atrás el templo de Wat Maha That, hacia el norte y a pocos metros se encuentra el templo de Wat Ratchaburana, también llamado monasterio de las Reparaciones Reales.
Destaca por tener un vihara con las cuatro paredes en pie mientras el resto apenas conservan los pilares. Un vihara era el lugar donde los monjes daban sus sermones tanto a laicos como a religiosos. Además, era el espacio donde se hallaba la estatua del Buda más importante del recinto así como imágenes del mismo para ser veneradas. Detrás del vihara también se observa un prang (torre) bien conservado y restos de la muralla original que rodeaba el complejo.
El origen de este templo se remonta a la muerte del rey Intharacha en 1424, lo que provocó que sus dos hijos mayores se disputaran el poder en un duelo sobre elefantes, sin que ninguno de los dos sobreviviera. Este repentino suceso despejó el camino al trono al hermano menor, Chao Sam Phraya, que tomó el nombre de Borommaracha II y reinó hasta 1448. Fue él quien mandó construir primero dos chedi en el lugar donde sus hermanos habían muerto y más tarde edificó el templo de Wat Ratchaburana en el sitio exacto donde ambos hermanos fueron incinerados, tal como marca la tradición budista.
Como si las desgracias persiguieran a este templo, hubo dos sucesos premonitorios del trágico final del reino. Unos meses antes del asalto de la ciudad por las tropas birmanas en 1767, un incendio afectó gravemente al santuario de Wat Ratchaburana y a Wat Maha That, y pocos meses después un cuervo quedó clavado en una aguja de hierro que coronaba uno de los monumentos funerarios. En Tailandia, la muerte de un cuervo se considera de mal agüero, de modo que se interpretó como un presagio del fin de Ayutthaya, o quizás es un reflejo de cómo los tailandeses trataron de dar sentido a la destrucción de su ciudad.
Después de visitar varios templos, uno ya se va familiarizando con dos elementos arquitectónicos del arte tailandés que se repiten continuamente: los prangs (torres) y los chedis. El origen de estos últimos se remonta a las estupas de la India y Sri Lanka, y servían para albergar las cenizas de los difuntos. Pero su función iba más allá de un relicario budista: era también la representación del cuerpo de Buda. La base o pedestal corresponde al trono, la terraza escalonada son sus piernas, la cúpula es el torso, la parte más estrecha (llamada harmika) representa la cabeza y la aguja que corona el monumento, la iluminación. Además, el chedi también simboliza el camino de la salvación, desde el infierno de los deseos (la base) hasta la obtención de la iluminación (la aguja).
El mejor lugar, sin duda, para contemplar estas estructuras a lo grande es en Wat Phra Sri Sanphet, dentro del recinto del palacio real. Este monasterio era el centro espiritual de Ayutthaya y gira en torno a los tres chedis monumentales donde fueron depositados los restos de los reyes Ramathibodi II, Borommaracha III y Borommatrailokkanat. Los chedi de menor tamaño que rodean el recinto albergan las cenizas de otros miembros de la familia real o líderes espirituales.
Pocas cosas hay más relajantes que pasearse entre figuras de budas y empaparse de esa paz que transmiten. Pero esta sensación zen se multiplica delante del Buda reclinado más grande de Ayutthaya, ubicada en el templo Wat Lokayasutharam, cerca de Sri Sanphet. La estatua mide unos 40 m de largo y unos 8 m de alto, y simboliza a Buda alcanzando el nirvana al final de todas sus reencarnaciones. En su día, la estatua se encontraba protegida dentro de un vihara construido con el único fin de albergarla. La figura, datada en el siglo XVI, estaba originalmente recubierta de oro y vestida con telas de color azafrán. Otro de los budas reclinados gigantes se ubica en el templo de Wat Yai Chai Mongkhon, fuera de la isla, el santuario de los monjes llegados de Sri Lanka; un lugar muy acogedor y al que vale la pena desplazarse. Finalmente, el tercer Buda reclinado se encuentra en Wat Thammikarat, el templo más antiguo, mide 12 metros y se cree que en su momento también estaba recubierto de oro.
Y si todavía apetece observar budas a tamaño XXL, entre los templos de Wat Lokayasutharam y Sri Sanphet, se puede contemplar la figura de un Buda sentado en el templo Wat Mongkhon Bophit, restaurado y pintado con pan de oro; en su interior se encontraron varias imágenes que hoy en día están repartidas en distintos museos de Tailandia. Este Buda restaurado se encuentra dentro de un vihara de nueva construcción que es una réplica de los que quedaron destruidos.
No hay mejor manera de acabar este recorrido que disfrutando de un maravilloso atardecer en el templo más grandioso y mejor conservado (casi intacto) de Ayuttaya: Wat Chai Watthanaram.
Pero su gran fotogenia se debe a que, mientras el resto de los templos eran muy dinámicos debido a sus continuas ampliaciones, aquí todos sus elementos arquitectónicos fueron diseñados como parte de un conjunto. Es por ello que se ha convertido en una imagen icónica de este lugar y en un ejemplo sublime de simetría.
También se lo conoce como el monasterio de la Victoria y la Prosperidad, ya que fue erigido por el rey Pasat Thong en el siglo XVII con el deseo de iniciar un largo reinado y una nueva era, de ahí su nombre. Se encuentra en la orilla oeste del río Chao Phraya, fuera de la isla, pero se llega fácilmente con distintos medios de transportes como en tuk tuk, taxi, ferry, bicicleta…
A pesar de estar algo apartado es una visita obligada. No solo durante el atardecer, cuando sus ladrillos se tornan de un bonito color anaranjado; también se puede subir a algunas torres y disfrutar de unas magníficas vistas de la que fue la gran capital del reino de Siam.
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